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¿Qué puede hacer una comunidad de regantes para mejorar el futuro de todo un territorio?

La respuesta está en Pozo Alcón e Hinojares, donde la digitalización ha servido para abordar una cuestión más profunda (todavía) que la gestión del agua: cómo hacer más rentables las explotaciones, mejorar la vida de quienes trabajan en ellas y ayudar a que la agricultura continúe siendo una opción de futuro.

El proyecto PERTE ejecutado en la Colectividad de Pozo Alcón e Hinojares alcanza 4.881,64 hectáreas y da servicio a 1.604 comuneros. Actúa sobre una zona ya modernizada, con cuatro balsas de regulación, telecontrol, riego localizado y una instalación fotovoltaica aislada vinculada al bombeo. El reto ahora era convertir toda esa infraestructura en una herramienta todavía más útil para las personas que dependen de ella.

Ahondar en los problemas

La modernización había resuelto una parte esencial del camino, pero seguían existiendo dificultades que condicionaban la continuidad de muchas explotaciones: un parcelario muy atomizado, costes elevados de mano de obra, aplicaciones de fertilizantes poco ajustadas a las necesidades reales del cultivo, agricultores que riegan «a ojo» y pequeños propietarios sin capacidad para amortizar individualmente determinadas tecnologías.

A ello se suman dos desafíos especialmente relevantes en el medio rural: la falta de relevo generacional y el riesgo de abandono de tierras. Cuando producir exige desplazamientos continuos, inversiones particulares difíciles de asumir y cada vez más tiempo de trabajo, mantener la actividad resulta más complicado. Y sin una agricultura rentable, la fijación de población al territorio también se debilita.

Fertirrigación comunitaria: la profesionalización desde lo colectivo

La actuación más transformadora del proyecto ha sido la ejecución de cuatro cabezales automatizados de fertirrigación comunitaria, uno asociado a cada balsa de regulación.

Gracias a ellos, la Comunidad de Regantes puede prestar un servicio conjunto de aplicación de nutrientes mediante el agua de riego. La dosificación se controla automáticamente, se supervisan los parámetros de la solución nutritiva y toda la instalación queda integrada en el sistema de telecontrol existente. Durante la ejecución también se amplió la capacidad de almacenamiento y se instalaron tres bombas dosificadoras en cada cabezal, separando productos y evitando mezclas que puedan afectar al funcionamiento de los equipos.

La ventaja económica es inmediata: la compra conjunta de fertilizantes permite negociar mejores condiciones y repartir el coste de unas instalaciones que difícilmente podrían amortizar muchas explotaciones por separado. También disminuyen los desplazamientos en tractor, las horas de trabajo dedicadas al abonado y el consumo de combustible.

Pero la mejora más importante es agronómica. Los aportes pueden adaptarse al estado fenológico de los cultivos, aplicando los nutrientes de manera más frecuente, homogénea y aprovechable. Así se reducen las concentraciones excesivas, las pérdidas por lixiviación y el riesgo de aplicar fertilizantes cuando la planta no puede absorberlos adecuadamente.

El sistema permite, además, compatibilizar la agricultura convencional con la ecológica y con otros cultivos. La organización de calendarios comunitarios reserva periodos de riego sin inyección de fertilizante y establece los tiempos de lavado necesarios para suministrar agua limpia a las explotaciones que lo requieren.

Aquí reside el carácter transgresor del proyecto: la Comunidad deja de limitarse a distribuir agua y se consolida como una auténtica plataforma de servicios agronómicos compartidos.

Los datos llegan hasta las raíces

La fertirrigación se completa con una red de sondas de humedad, recomendaciones de riego y herramientas para conocer mejor el estado del suelo y las necesidades reales de los cultivos. De esta forma, el agricultor dispone de información objetiva para decidir cuánto y cuándo regar, especialmente importante en escenarios de menor disponibilidad de agua.

El proyecto también ha renovado equipos de medida en parcela, implantado un visor GIS con la infraestructura georreferenciada y puesto en marcha un sistema de gestión integral que reúne socios, parcelas, consumos, facturación, contabilidad, mantenimiento y documentación. Página web, tramitación electrónica, canal de denuncias y nuevas vías de comunicación completan una relación más cercana y sencilla con los comuneros.

Con una instalación solar que ahora decide mejor

La Comunidad ya disponía de una instalación fotovoltaica aislada de 1.037 kWp, encargada de suministrar energía a los bombeos. El PERTE refuerza este modelo renovable con un algoritmo capaz de detectar situaciones de nublado y adaptar los arranques y paradas de las bombas a la radiación solar disponible.

Con ello se aprovecha mejor la energía generada, se reducen los ciclos perjudiciales para los equipos y se limita la necesidad de recurrir a los grupos electrógenos cuando la producción fotovoltaica cae bruscamente.

Invertir en regadío también es invertir en población

El proyecto cuenta con 845.151,30 € de costes directos dentro de una ayuda total concedida de 924.500,64 € incluyendo costes indirectos y auditoría.

Su alcance, sin embargo, no puede medirse únicamente en equipos instalados. Reducir costes, eliminar desplazamientos innecesarios, facilitar la toma de decisiones y acercar tecnología avanzada a explotaciones de cualquier tamaño mejora directamente las condiciones de trabajo y la rentabilidad agrícola.

Eso significa más posibilidades de continuidad, más atractivo para las nuevas generaciones y más herramientas para que las familias puedan seguir desarrollando su proyecto de vida en el territorio.

Desde Moval Agroingeniería hemos acompañado a la Comunidad de Regantes de Pozo Alcón, Hinojares y Cuevas del Campo en la redacción y el desarrollo técnico de este proyecto. Agradecemos la confianza depositada en nuestro equipo para hacer realidad una actuación que coloca a la entidad a la vanguardia del regadío y la convierte en un ejemplo para otras comunidades de regantes. Seguiremos a su lado en el camino que queda por delante para aprovechar todo el potencial de esta transformación.

En Moval Agroingeniería seguimos trabajando por un regadío sostenible.

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