Telemedida en todo el parque de contadores, sensores de humedad, control de la red, estaciones agroclimáticas, una APP para los regantes y monitorización de nitratos. La Comunidad de Regantes de Alhama de Murcia ha planteado su transformación digital en dos fases que, juntas, abarcan prácticamente todo el ciclo de gestión del agua.
Digitalizar una comunidad de regantes no consiste en instalar sensores y esperar a que los datos hagan el resto. El verdadero salto llega cuando contadores, red hidráulica, cultivos, balsas y herramientas de gestión empiezan a hablar el mismo idioma.
Ese es precisamente el planteamiento seguido por la Comunidad de Regantes de Alhama de Murcia a través de los proyectos presentados en las dos convocatorias del PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua.
Estamos hablando de una entidad con 6.850 hectáreas regables, 2.784 comuneros y 1.826 contadores actualmente en uso, además de más de 332 kilómetros de red presurizada. Un sistema de grandes dimensiones en el que conviven el riego localizado y el tradicional y que, además, gestiona recursos procedentes del Trasvase Tajo-Segura, aguas desaladas, pluviales y aguas regeneradas de la EDAR de Alhama.
La primera fase: construir los cimientos digitales
El primer PERTE aborda uno de los grandes problemas de cualquier proceso de digitalización: antes de analizar el agua hay que saber dónde está, cuánto circula y cuánto consume cada usuario.
Por eso una de las principales actuaciones es la renovación de 628 contadores y, sobre todo, la implantación de telemedida en las 644 casetas de hidrantes que dan servicio a los 1.826 contadores operativos.
Esto cambia por completo la forma de trabajar. Las lecturas dejan de depender de visitas a campo y los consumos pueden incorporarse directamente al sistema de gestión, permitiendo conocer cupos, detectar anomalías, mejorar la facturación y ofrecer al regante información actualizada sobre su propio consumo.
Pero el proyecto no termina en la parcela. También incorpora 60 sondas de presión en puntos estratégicos de la red y la monitorización de las balsas de Amarguillo, Moriana y Lentiscosa, donde se controla tanto el volumen almacenado como parámetros asociados a la calidad del agua.
A ello se suman 38 sondas de humedad en suelo, un nuevo control volumétrico asociado a la EDAR, telemedida en las captaciones de aguas pluviales y una importante actualización del ecosistema digital de la Comunidad.
La oficina electrónica, el canal de denuncias, la mejora de la web, el inventario georreferenciado de las infraestructuras y la evolución del visor GIS completan una primera fase cuyo objetivo es claro: convertir una red hidráulica en una red hidráulica conectada.
La segunda fase: de tener datos a utilizarlos para decidir
El segundo PERTE parte precisamente de esa infraestructura.
Y aquí la escala vuelve a ser importante: se plantea la renovación de los 1.198 contadores restantes, completando junto con la primera fase los 1.826 equipos que se encuentran en servicio. De esta forma, la renovación metrológica alcanza prácticamente a todo el parque operativo de la Comunidad.
La siguiente pregunta es inevitable: si sabemos cuánto consume cada parcela, ¿podemos saber también dónde se pierde agua antes de llegar hasta ella?
Para responderla se incorporan 12 caudalímetros ultrasónicos y 12 nuevas sondas de presión en los principales ramales secundarios. Comparar el agua que entra en cada sector con la que finalmente registran los contadores permite construir balances hídricos y detectar ineficiencias, fugas o comportamientos anómalos mucho antes.
También se actualiza la automatización y el telecontrol de siete puntos asociados a las tomas del Trasvase Tajo-Segura, integrando variables operativas como caudal y posición de válvulas en el sistema de gestión.
Es el paso de la simple telemedida a algo bastante más interesante: usar los datos como herramienta de operación.
El móvil del regante también forma parte de la infraestructura
La digitalización tiene otra cara menos visible, pero igual de importante: la relación entre la Comunidad y sus usuarios.
El proyecto contempla una APP para Android e iOS integrada con el sistema de gestión, desde la que los regantes pueden acceder a parcelas, contadores, consumos, cupos, facturas, certificados o solicitudes de riego y recibir notificaciones de la Comunidad.
Porque digitalizar una red también significa que esa información llegue de forma sencilla a quien finalmente toma la decisión de regar.
83 sondas de humedad y cuatro estaciones para afinar cada riego
Las dos fases suman además 83 puntos de monitorización de humedad del suelo: 38 en el primer proyecto y otros 45 en el segundo.
A estos últimos se añaden cuatro estaciones agroclimáticas propias, distribuidas por la zona regable, para medir lluvia, temperatura, humedad, radiación solar y viento.
La combinación de estas variables permite avanzar hacia recomendaciones de riego mucho más ajustadas a las condiciones reales de las explotaciones. En la segunda fase se contemplan además 540 evaluaciones del desempeño del riego durante el primer año asociadas a las nuevas sondas.
El resultado es un cambio importante de filosofía: pasar de regar por experiencia o calendario a regar apoyándose también en datos de suelo, clima y consumo real.
Y la digitalización también puede mirar bajo tierra
Alhama se encuentra dentro de la zona vulnerable a nitratos del Bajo Guadalentín, y el segundo proyecto incorpora una vertiente ambiental especialmente interesante.
Se plantea una red formada por cuatro dispositivos de control de lixiviados con muestreo periódico y tres sistemas de medición en tiempo real, apoyada por un estudio hidrogeológico de vulnerabilidad.
El objetivo es conocer qué sucede con el agua y los nutrientes más allá de la zona radicular y disponer de información objetiva para evaluar la posible transferencia de nitratos hacia el subsuelo.
A ello se añaden seis sistemas automáticos de cloración destinados a combatir otro problema cada vez más serio para las infraestructuras de riego: la proliferación de especies invasoras como la almeja asiática y el mejillón cebra.
Dos PERTE, pero un único sistema
Ese es probablemente el punto más interesante del proyecto.
No hay una aplicación para cada sensor ni una plataforma independiente para cada actuación. La estrategia definida junto a MOVAL Agroingeniería busca integrar progresivamente telemedida, GIS, infraestructura, datos agronómicos, telecontrol y gestión dentro del ecosistema de Moval Regadío®.
Así, el contador no es únicamente un contador. Tiene una ubicación, un comunero asociado, unas parcelas, un histórico de consumos y una relación con los caudales medidos aguas arriba. Y una sonda de humedad tampoco es únicamente una gráfica: sus datos pueden alimentar recomendaciones de riego y relacionarse con cultivo, climatología y volumen aplicado.
Ahí está el verdadero valor de estos dos proyectos: no acumular tecnología, sino convertir los datos en una herramienta cotidiana para gestionar mejor el agua.
Y en un territorio donde cada metro cúbico cuenta, esa diferencia es enorme.
En Moval Agroingeniería seguimos trabajando por un regadío sostenible.
ES