La digitalización del regadío suele asociarse rápidamente a sensores, telemedida, aplicaciones o mapas. En la Comunidad de Usuarios de Aguas Subterráneas Consuegra-Villacañas, sin embargo, el reto va bastante más allá. Aquí la tecnología tiene que ayudar a resolver un problema mucho más profundo: cómo gestionar de forma eficaz, transparente y sostenible un acuífero compartido por miles de usuarios, con miles de captaciones repartidas por un territorio enorme y sometido, además, a importantes restricciones hídricas y ambientales.
La propia naturaleza de la entidad explica buena parte de esta complejidad. La CUAS Consuegra-Villacañas culminó su constitución en 2015 después de que la Confederación Hidrográfica del Guadiana declarase la masa de agua subterránea en riesgo de no alcanzar el buen estado cuantitativo y químico y ordenase la constitución de una comunidad que agrupase a los titulares con derecho al uso de estas aguas. No nació, por tanto, únicamente para prestar servicios comunes a sus usuarios: nació con una responsabilidad añadida sobre la defensa, control y recuperación de la masa de agua subterránea.
Ese punto de partida importa. La CUAS gestiona un ámbito de 26.948 hectáreas, 8.119 usuarios y 8.865 sondeos, distribuidos entre 22 municipios de Toledo y Ciudad Real. A ello se suma la convivencia de distintos usos del agua (regadío, abastecimiento, ganadería, industria y otros aprovechamientos) y un escenario marcado por el déficit estructural, las limitaciones de extracción, el mal estado cuantitativo y químico de la masa y la presencia de zonas vulnerables a la contaminación por nitratos. Gestionar toda esta realidad exige mucho más que llevar un censo y recoger lecturas de contadores.
El verdadero problema es gestionar la complejidad
Hasta ahora, buena parte de esa operativa estaba condicionada por una gestión muy fragmentada. La CUAS disponía de siete herramientas diferentes que no estaban interconectadas entre sí, mientras que las lecturas de los contadores se realizaban fundamentalmente de manera presencial. A esto se añadían equipos de medida obsoletos, captaciones todavía sin contador, documentación en papel y una enorme cantidad de información territorial que debía mantenerse actualizada.
Sobre el papel puede parecer simplemente incómodo. A la escala de Consuegra-Villacañas, el problema se multiplica. Localizar una captación, comprobar una lectura, revisar cuánto ha consumido un usuario, conocer su cupo disponible, actualizar una parcela o preparar información para el organismo de cuenca son tareas relativamente sencillas cuando afectan a unas pocas decenas de elementos. Cuando existen miles de usuarios y captaciones dispersos por decenas de miles de hectáreas, cualquier proceso manual termina consumiendo una enorme cantidad de recursos.
Además, aquí aparece la dimensión social. Cuando el recurso es escaso y existe una limitación sobre las extracciones, controlar correctamente quién consume, cuánto consume y cuánto puede seguir consumiendo no es solo una cuestión técnica. Es también una forma de garantizar que las reglas se aplican con criterios objetivos y que todos los usuarios disponen de información fiable. Cuanto mejor sea el dato y antes esté disponible, menor será el espacio para la incertidumbre y más sencilla será la gestión de situaciones potencialmente conflictivas.
Precisamente ahí está una de las grandes ventajas del proyecto.
Pasar de perseguir el dato a trabajar con él
La actuación sobre 2.183 captaciones permitirá renovar los sistemas de medida e incorporar telemedida. En conjunto, las captaciones sobre las que se actúa representan 16,52 hm³ anuales de volumen concesional, aproximadamente el 28 % del total de la entidad.
La diferencia operativa es considerable. En lugar de desplazar personal para obtener una lectura y procesarla después, el consumo puede llegar directamente al sistema, quedar asociado al usuario, a la parcela y a la captación correspondiente y compararse con el volumen disponible. La CUAS podrá conocer mucho antes cómo evoluciona el consumo durante la campaña, detectar desviaciones y trasladar esa información al usuario sin tener que esperar a disponer de una lectura presencial o al cierre del periodo de riego.
El beneficio no está únicamente en ahorrar desplazamientos. Está en cambiar el momento en el que se dispone de la información. Un exceso de consumo conocido semanas o meses después apenas permite reaccionar; detectado con antelación, permite gestionar.
Y eso también cambia el trabajo del equipo de la CUAS. Parte del tiempo dedicado hasta ahora a tareas repetitivas y de bajo valor añadido puede destinarse a mantenimiento, vigilancia, seguimiento del territorio, análisis de información o atención a los propios usuarios.
Una sola herramienta para entender qué está ocurriendo
El otro gran cambio será dejar atrás una gestión formada por aplicaciones y bases de datos independientes. El proyecto plantea integrar la información en un sistema de gestión único, apoyado en Moval Regadío®, donde usuarios, parcelas, sondeos, contadores, consumos, expedientes, información económica, mantenimiento y cartografía estén relacionados entre sí.
Moval Agroingeniería ha planteado el proyecto precisamente alrededor de esta idea: no sumar herramientas digitales, sino hacer que todas trabajen juntas.
El visor GIS tendrá un papel especialmente importante. En una entidad cuya infraestructura se extiende por miles de hectáreas, la componente territorial resulta fundamental. Poder localizar inmediatamente un sondeo, consultar qué parcelas abastece, conocer su contador, visualizar información catastral o SIGPAC y superponer datos de telemedida o teledetección simplifica enormemente tanto el trabajo de oficina como las actuaciones de campo.
La mejora también tiene una consecuencia menos visible, pero muy relevante para una entidad relativamente joven: el conocimiento deja de depender tanto de las personas y pasa a formar parte del sistema. La localización de una captación, su histórico o su relación con una parcela ya no tiene que residir en la experiencia acumulada de un determinado trabajador. Queda inventariada, estructurada y accesible para toda la organización.
Conocer mejor el acuífero para decidir mejor
El proyecto no se limita a digitalizar la administración de la CUAS. También incorpora herramientas para comprender mejor qué está ocurriendo en la propia masa de agua.
La instalación de piezómetros con telemedida, las nuevas estaciones agroclimáticas, la integración de información del SIAR y la teledetección de cultivos, permitirán añadir nuevas capas de conocimiento a la gestión diaria. La teledetección, por ejemplo, abarcará las 160.568 hectáreas del ámbito del acuífero, además de las 26.948 hectáreas de superficie regable de la CUAS, permitiendo clasificar cultivos y estimar consumos de agua.
Eso permitirá hacer algo especialmente interesante: contrastar diferentes fuentes de información. Por un lado estarán los volúmenes registrados directamente por los contadores; por otro, las estimaciones obtenidas mediante satélite. A su vez, la evolución piezométrica y el modelo hidrogeológico ayudarán a analizar cómo responde la masa de agua.
La consecuencia es una gestión que deja de apoyarse únicamente en registros administrativos para incorporar progresivamente información hidráulica, territorial, agronómica y ambiental dentro de un mismo ecosistema de datos.
Digitalizar para hacer más sencilla una gestión que nunca lo será
El proyecto supone una inversión prevista de 2,11 millones de euros, pero reducirlo a su presupuesto o al número de equipos instalados dejaría fuera su principal aportación.
La CUAS Consuegra-Villacañas seguirá gestionando una realidad compleja cuando termine el proyecto. Seguirán existiendo miles de usuarios, miles de captaciones, restricciones de agua, obligaciones administrativas y decisiones difíciles. Ninguna aplicación elimina esa complejidad. Lo que sí puede hacer la tecnología es conseguir que sea mucho más manejable.
Tener el dato antes. Evitar desplazamientos innecesarios. Saber dónde está cada infraestructura. Relacionar automáticamente usuarios, parcelas y consumos. Detectar problemas con antelación. Facilitar trámites. Mejorar la información disponible para los usuarios y proporcionar a los técnicos herramientas con las que fundamentar mejor sus decisiones.
Ese es realmente el objetivo de la transformación digital planteada por MOVAL Agroingeniería para la CUAS Consuegra-Villacañas: que gestionar un recurso tan escaso, extenso y socialmente sensible siga siendo una tarea compleja, pero deje de ser innecesariamente complicada.tomar decisiones con más información, mejor localizada y disponible mucho antes.
Porque en un acuífero en riesgo cada metro cúbico cuenta. Y conocerlo, localizarlo y comprenderlo es el primer paso para gestionarlo mejor.
En Moval Agroingeniería trabajamos por un regadío (subterráneo) sostenible
ES