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De la acequia al dato: Callosa d’en Sarrià lleva su regadío tradicional a una nueva era digital

La Comunidad General de Regantes y Usuarios de Callosa d’en Sarrià ha dado un salto tecnológico especialmente complejo: integrar bajo una misma estrategia digital 31 entidades, sistemas de riego tradicionales y presurizados, captaciones superficiales y subterráneas y cerca de 1.600 hectáreas de cultivo.

Hay proyectos de digitalización que empiezan prácticamente desde una hoja en blanco. Y hay otros en los que la tecnología tiene que adaptarse a una realidad construida durante generaciones.

El de la Comunidad General de Regantes y Usuarios de Callosa d’en Sarrià pertenece claramente al segundo grupo.

Su territorio combina acequias tradicionales vinculadas a los ríos Algar y Guadalest, zonas de riego localizado abastecidas mediante bombeos, balsas y depósitos, fuertes diferencias de cota y pequeñas explotaciones dispuestas sobre las características terrazas de piedra seca del paisaje alicantino.

Todo ello dentro de una organización que agrupa 31 entidades, más de 2.000 usuarios y 1.579,74 hectáreas regadas, repartidas entre Callosa d’en Sarrià, Altea, Bolulla y La Nucia.

Digitalizar aquí no consistía simplemente en instalar sensores. Había que conseguir que todo empezara a hablar el mismo idioma.

Un territorio donde cada gota cuenta

La singularidad de Callosa d’en Sarrià va mucho más allá de su infraestructura hidráulica.

En estas laderas se encuentra una agricultura estrechamente vinculada al territorio, con protagonismo de los frutales y, especialmente, del níspero, producto amparado por la Denominación de Origen Protegida Nísperos Callosa d’En Sarrià.

Además, los recursos hídricos utilizados por la Comunidad comparten territorio con los destinados al abastecimiento urbano de buena parte de la Marina Baixa. Mejorar el conocimiento y la eficiencia del regadío tiene, por tanto, una dimensión que trasciende a las propias explotaciones agrícolas.

El reto era importante: diferentes sistemas de gestión que no estaban interconectados, información cartográfica dispersa, lecturas manuales, captaciones todavía operadas presencialmente y agricultores que, en muchos casos, continuaban programando sus riegos fundamentalmente a partir de la experiencia.

El PERTE de Digitalización del Ciclo del Agua ha permitido atacar todos esos frentes de manera conjunta.

1.153 contadores: el consumo deja de ser una foto al final de la campaña

Una de las actuaciones de mayor alcance es la renovación del sistema de medida en parcela.

El proyecto contempla 1.153 contadores, preparados para su incorporación a un sistema de telemedida. A ellos se suman los correspondientes módulos de comunicación NB-IoT para que las lecturas puedan incorporarse automáticamente al sistema de gestión.

El cambio parece sencillo, pero sus consecuencias son enormes.

La Comunidad puede disponer de información mucho más frecuente sobre el agua suministrada, asociarla a parcelas y usuarios, agilizar los procesos de facturación y facilitar al propio agricultor información sobre sus consumos.

El contador deja así de ser únicamente un elemento para facturar agua y pasa a convertirse en una fuente de información para gestionar el recurso.

También hay que medir antes de llegar a la parcela

El proyecto ha abordado igualmente uno de los puntos más complejos del regadío tradicional: las captaciones superficiales.

Se definieron cinco nuevos sistemas de control volumétrico mediante secciones de aforo tipo Parshall en distintas tomas, junto con cinco compuertas automatizadas capaces de regular de forma remota el caudal derivado.

Esto permite avanzar desde una operación fundamentalmente presencial hacia otra basada en medición, regulación y supervisión.

Y es especialmente relevante en ríos como el Algar y el Guadalest, donde conocer con precisión cuánto agua se deriva resulta fundamental tanto para la gestión agrícola como para el adecuado control de los recursos hídricos.

80 sondas para dejar de regar únicamente “a ojo”

La digitalización también ha llegado al interior de las parcelas.

La actuación incorpora 80 sondas de humedad del suelo, distribuidas para representar diferentes cultivos, sistemas de riego y tipologías de suelo. Cada equipo mide a distintas profundidades, permitiendo conocer cómo evoluciona realmente el agua después de cada riego.

El objetivo no es sustituir la experiencia del agricultor. Es darle más información.

Porque en situaciones de escasez hídrica, saber cuándo regar es importante, pero saber dónde está el agua dentro del perfil del suelo puede ser todavía más útil. Ayuda a reducir pérdidas por percolación, aprovechar mejor los nutrientes y utilizar la dotación disponible allí donde realmente la necesita el cultivo.

Incluso el agua que vuelve al río aporta información

Uno de los componentes más interesantes del proyecto se encuentra, precisamente, al final del ciclo.

Se han planteado tres puntos de control de retornos de riego, con medición de caudal y monitorización continua de nitratos, complementada con seguimiento analítico de otros parámetros.

La finalidad es conocer no solo cuánta agua se utiliza, sino también qué ocurre con parte de ella después de atravesar las zonas regables.

Es una visión mucho más completa del ciclo del agua agrícola: captar, distribuir, consumir y conocer también el retorno.

El verdadero proyecto está en conectar todas esas piezas

Contadores, captaciones, compuertas, sondas, retornos y telecontrol generan una cantidad enorme de datos. Si cada sistema funciona de forma independiente, la digitalización corre el riesgo de crear nuevos silos de información.

Por eso, uno de los elementos centrales del proyecto ha sido precisamente la integración.

El visor GIS permite situar sobre el territorio parcelas, infraestructuras, sensores y elementos hidráulicos, mientras que el sistema de gestión integral conecta esa componente geográfica con censos, consumos, facturación, mantenimiento y telecontrol. La propia memoria resume el proyecto precisamente como un conjunto de soluciones interrelacionadas alrededor de un sistema de gestión común.

A ello se añaden la renovación de la web, la administración electrónica, la oficina del regante y las nuevas herramientas de comunicación.

MOVAL AGROINGENIERÍA, redactora de la memoria ha participado en este proceso aportando su experiencia en ingeniería, gestión y digitalización del regadío e integrando buena parte de estas herramientas alrededor de Moval Regadío®.

Más de un millón de euros para conectar tradición y tecnología

La memoria técnica recoge una ayuda total de 1.049.535,47 euros para el conjunto de actuaciones planteadas. Una inversión de escala importante, pero también acorde con la enorme heterogeneidad de una Comunidad General formada por 31 entidades y diferentes formas de captar, transportar y utilizar el agua.

Callosa d’en Sarrià demuestra además que modernizar un regadío no significa borrar lo que había antes.

Las acequias siguen siendo acequias. Los bancales de piedra seca siguen formando parte del paisaje. Y el níspero continúa dependiendo de un territorio que no puede trasladarse a otro lugar.

Lo que cambia es la información disponible para gestionarlos. Y ahí está probablemente la transformación más importante del proyecto: unir una cultura centenaria de gestión del agua con herramientas capaces de medirla, visualizarla y administrarla prácticamente en tiempo real.

En Callosa d’en Sarrià, la digitalización no ha venido a sustituir la tradición. Ha venido a darle más herramientas para seguir funcionando.

En Moval Agroingeniería seguimos trabajando por un regadío sostenible.

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